by ET

(sola, sole, solx - amigues inclusives todo bien, les amo)

Detrás de fotos, eventos, marketing y agendas corporativas… Al otro lado de las pantallas y de las imágenes existe una realidad paralela en todos nosotros -obvio- sobre la que me veo inspirada a escribir. Es divino lo que vemos en la superficie. Todo lo que compartimos no es irreal sino una fracción espectacular - en el sentido de espectacularidad de Guy Debord - pero no es la totalidad de nuestro día a día.

Por ejemplo, yo comparto muchas fotos de yoga y eventos y amigos. Pero es más el tiempo que paso en frente de un computador (cada día menos) diseñando, planeando, enviando correos o en reunión, haciendo diligencias varias, limpiando la casa, cocinando y mirando mi pantalla mucho más de lo quisiera. Rara vez veo series o leo. Me encanta salir con amigos e irme de fiesta pero la realidad es que paso mucho más tiempo clavada en confinamiento solitario - algo muy necesario para mí. El punto es que nuestro ser fenomenológico-virtual es decir, nuestro avatar, es solo una fracción de nuestra vida.

Hablo con personas a diario y la realidad es que los tiempos están muy densos. Todos los días escucho historias desesperadas de pérdida, dolor, sufrimiento, ruptura, crisis nerviosas, tornados emocionales y demás. Incluso la muerte y el suicidio están presentes. Todo esto sin contar el discurso de la guerra, los mercados bursátiles en picada, los precios al alza, la inflación por las nubes y la gente diciendo “¿Qué putas?” y preguntándose: ¿Hasta cuándo? Deseando a grito herido volver a la normalidad. La cosa es que ya no hay normalidad. No va a haber normalidad. Depende de cada uno de nosotros crear una nueva narrativa y para crear una nueva narrativa debemos comenzar en nosotros mismos.

Saben? Todos estamos pasando por una especie de purga. Algunos no pueden ni nombrarla ni aceptarla ni lidiar con ella… ahogándose en alcohol, químicos, trabajo o pantallas cosa que, inevitablemente, retrasará y pondrá más peso al proceso. Y las distracciones pueden ser de cualquier tipo, eh? Todo depende de las motivaciones cristalinas detrás de nuestros impulsos.

Y sí, el proceso de ir hacia adentro es inevitable. Algunos escogen hacerlo rápido y ponerse en la tarea, otros esperarán a que las circunstancias los despierten, otros tendrán que hacerle frente a la adversidad o a la enfermedad y otros simplemente tendrán que nacer de nuevo.

Hace poco le pregunté a mi maestra: “Por qué tardo tanto? He estado trabajando y trabajando y trabajando y quitando capas de mierda y de trauma y cosas por más de 11 años y estoy cansada, siento que esto está tomando mucho tiempo”, a lo que respondió: “Pero corazón, no tienes idea de lo rápido que estás yendo! Otros tienen que volver a nacer para lidiar con una fracción de todo esto”.

Y al final, una vida de sufrimiento comparada con unos años de trabajo interno tiene todo el sentido del mundo. Y lo mejor es que: funciona! Se ve, se siente, lo ven, lo sienten y nunca en mi vida me había sentido más feliz, conectada y expansiva. No significa que sea fácil o que siempre sea así… Dicen que la luz es proporcional a la oscuridad: para algunos la vida es navegar entre pozos poco profundos y montañas bebés y para otros es montar en la Kumba. (jajaja).

Así pues, hablo sobre mí porque es el tema del que más sé y porque no creo que al hacerlo hable solamente de mí sino en nombre de muchos allá afuera que pueden sentirse identificados conmigo y en consecuencia, menos solos. La naturaleza humana es inequívocamente similar.

Una de las cosas que aprendemos en Alcohólicos Anónimos y en los centros de rehabilitación es que “No estamos solos” en la vida y en el sufrimiento. Al compartir en sesiones, se sugiere responder ante el discurso de otros desde un lugar de identificación en vez de juicio o señalamiento. Respondemos ante el compartir de otros cuando caemos en la cuenta de que nuestras batallas también son las suyas.

Por otro lado, claro, es mucho más fácil el NO hacer. No compartir ni crear. Es más cómodo escoger con pinzas, minimizar, esconder, re-direccionar, evadir o limitarse a consumir en automático. Mi libro favorito por años fue Bartleby, de Hermann Melville, el mejor antihéroe de la nada, el cual tiene un punto espectacular - en el sentido cotidiano - (y escribiré algún día sobre la nada y Shunia y el cero…), pero volviendo al tema, entonces, es mucho más fácil no meditar, no escribir, no expresarnos, no poner un pie afuera de la casa, no llamar a un amigo. Por eso comparto sobre mí, porque creo que muchos de nosotros deseamos en lo más profundo abrir ese paquete -de cualquier manera que nuestra alma lo requiera- para compartir con otros con el fin de nuestra evolución personal y planetaria o de jugar el juego de la vida (o ambas). Crear, montar empresa o iniciativas, actuar, escribir, hacer arte, hacer pan de masa madre o kombucha o simplemente rendirnos en contemplación o en presencia divina si es ese nuestro llamado interno, pero siempre siempre empezar desde adentro.

He navegado, como muchos otros, en temas mentales, trauma, adicciones, “enfermedades mentales”, alcoholismo, pepas, etc, etc.. Subiendo arriba muy arriba, luego bajando abajo muy abajo, ni siquiera surfeando las olas pero chocando fuerte contra ellas. Y tras esto, déjenme decirles que el péndulo empieza a oscilar cada vez más y más hacia el lado luminoso. Dejé de sufrir porque ahora no tengo miedo de lidiar con el dolor. Y ahora no le tengo miedo a la muerte lo que significa que no le tengo miedo a la vida lo que significa que no me tengo miedo a mí misma. Entonces estoy bien. Muy bien. Pero el trabajo en las sutilidades del ser es tan profundo como la fosa de las marianas o las tuberías de perforación de pozos petrolíferos. Finísimas agujas de éter con capacidad de penetrarte hasta más allá de la médula.

Las últimas semanas he estado en una especie de confinamiento voluntario, trabajando en estos sutiles pozos del alma. La semana pasada, como algo muy inusual, visité a mi maestra tres veces pues los tiempos demandan explorar en las profundidades, descubriendo las partes más etéreas y los cristales más puros de la exploración y por ende del autodescubrimiento, que se esconden debajo de un gobstopper infinito de material síquico y somático.

Veo mis últimos años como una versión contemporánea del Camino de Iniciación, o Travesía del Discípulo o alguna otra versión de este “adentrarse” en los confines y las esquinas mas recónditas de la mente, el cuerpo y el alma, el cual incluye morir y nacer muchas veces (con el dolor de morir y el dolor de nacer incluidos).

Entonces todo esto es para decir que hay mucho más debajo de la superficie y detrás de las pantallas y que no estás solo. No estás solo en sufrimiento o en celebración. No estás solo cuando te alimentas de helado de cookie dough por una semana, como lo he hecho yo y no estás solo aún cuando estás en confinamiento solitario (impuesto o voluntario). No estás solo cuando no puedes dormir o cuando estás durmiendo mucho, cuando se te cae el pelo más de lo normal, cuando te miras en el espejo y no reconoces a la persona que esta ahí, cuando ves fotos de años anteriores y las encuentras hermosas, felices y serenas. Cuando viajas al pasado y recuerdas la música que escuchabas en éxtasis, las noches de amigos y sonrisas, las aventuras, los abrazos y las rutinas saludables sin el estridente y silenciado sonido de fondo de desesperación, enfermedad e incertidumbre.

Creo desde el fondo de mi ser que este momento es necesario para una transformación planetaria, donde todo lo sólido se está volviendo líquido, se está gasificando y atomizando. En el cual las instituciones y las viejas narrativas colapsan ante nuestros ojos y nos vemos obligados a re-priorizar nuestras agendas y ver nuestras finanzas, nuestra salud y nuestro closet de una manera binaria de Lo que necesito vs*. lo que tengo*.

Hay una oportunidad subvalorada sin precedentes durante este tiempo para dar espacio a sanar desde nuestro interior con el fin de construir tejidos fuertes de apoyo en comunidad y co-creación basados en la empatía, la inclusión y la conexión - con nosotros mismos, con otros y con la madre tierra.

Y es el momento perfecto para hacerlo ya que así podemos ser agentes activos de nuestro presente. Tomar consciencia de lo que consumimos a diario (imágenes, posts, noticias) y centrarnos en nuestra evolución, dejando de alimentar la oscuridad para abrir paso a nuestra mejor versión humana. Así haremos frente a la adversidad y hacia el futuro: con los ojos muy abiertos, el corazón expandido y los pies bien puestos en el suelo.

La sacudida es fuerte pero te necesitamos aún más fuerte y enter@.